Voz alta

Hoy escucho a los Stones en todo lado, su visita levanta esa ola mediática confusa, aburridísima de adoradores de la banda, de detractores de la misma; eso no tiene sentido. Al menos para mí.

Escucho The spider and the fly, y vuelan como moscas, recuerdos que apabullo contra la pared, que apabullo con la realidad que hoy respiro y vivo, claro que echo de menos las guitarras y riffs y la voz chocante de Jagger y lo que representan los stones para mi cultura, para estos tiempos.

Ese sonido sucio es un alivio para mi alma, con en esa vibra que sacuden los Stones se golpean muchos tabús, muchos pecados, muchos vicios, muchas cosas que hoy se dan por descontado. Creo que en otra época los músicos representaban el papel de sacerdote. Del mesías. Del protector.

Hoy no sé que representan los músicos… Ni me interesa.

Micky Tylor, no viene con los Stones; Brian* Jones, RIP también hace falta… Pero lo que hace más falta es el que hoy tenemos a un mundo medio zombi. Enterrado en vida.

Suena a desastre cuando un mundo hace que su música sea algo tan vano como ir al autoservicio a comprar uno de tantos miles de productos de las mismas marcas.

Me di cuenta de eso una tarde que fui a ver el concierto de los Stones, la película-documental con una amiga, ella suave y frágil, no se aguantó 10 minutos de ver los maniáticos gestos de Jagger y pensó que el mundo se le caía encima con toda su locura y monotonía, salió muy rápido del teatro del museo de Arte Moderno de Bogotá.

Hoy las cosas que nos reflejan y nos hacen reflexionar parece que no sirve. Pérdida de tiempo. Las cosas inmediatas, irreflexivas, que llegan impactan y se van y no tienen por qué volver son lo mejor. Es ir al museo a tener un show visual. No el impacto espiritual.

Aquí en Colombia no van a estar los Hells Angels protegiendo a los Stones, ellos de hecho ya no son de ese círculo… los músicos con sus jeringas y cucharas de oro o sniffando en billetes de 500 euros, son muy orgullosos, sobrevivientes de aquellos tiempos de revolución política, ambivalencia social, de luchar contra sus propios monstruos.

Muchos de los que detractaban a los Stones hoy los reciben devaluando su protagonismo social y proyectándolos y mitificándolos como aquellas piezas de museo, que hay que ver por antropología y esnobismo cultural. Cosa que a los Stones le vale un pepino, y a los que nos gusta su música nos tiene sin cuidado.

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